Nueva imagen

¡Hola de nuevo! Hoy os escribo porque hemos mejorado la imagen del blog. No sé si os habréis dado cuenta, pero el encabezado de la página ha cambiado, y también un poco los colores y cómo se ven las entradas, y desde aquí tengo que agradecer su trabajo a Paloma, ¡gracias!

Nueva imagen del blog

La verdad es que tenía una primera idea de cómo quería que quedase, y se lo comenté a Paloma, y ella hizo realidad esa idea que yo solo barruntaba. Cada detalle que tenía la imagen que me enseñaba sencillamente tenía que ser así, no había otra opción. Al final ha quedado muy bien, estoy supercontento. Ya me diréis en los comentarios si os gusta más la nueva imagen, o preferís la antigua, y cualquier otra sugerencia que tengáis.

La verdad es que me va a quedar una entrada muy corta, he tenido un fin de semana muy liado, y, aparte de que mis sobrinos me han dejado pringado de Chupa Chups, no me ha ocurrido nada muy destacable. Tampoco me hice foto de la comida de hoy, pero recupero una de hace unas semanas que no había publicado, las albóndigas.

Lo más probable es que solo de leer el nombre te hayas acordado un poco del olor de las de casa. Probablemente hasta estés salivando en este preciso momento (desde ya mis perdones si te ha entrado hambre), pero es que las albóndigas son el too big to fail de la cocina. Así es, nunca fallan, siempre le alegran la tarde a uno, y además son muy divertidas con su forma redondita.

Probablemente una crítica del plato no tenga mucho sentido, porque no os voy a engañar, las de mi madre son las mejores que hay. Sí, ya sé que pensaréis que estoy equivocado, que vuestra madre, vuestra abuela, o incluso vosotros mismos, las hacéis mejor que mi madre, pero yo y mis ocho hermanos sabemos que no es así, y es tu palabra contra la nuestra. La estadística no miente, si nos juntamos tú, yo y mis hermanos, el 90% preferiría las albóndigas de mi madre.

La verdad es que se echan un poco de menos en los menús del día de los bares, por lo menos en Madrid. Vale que alguno pensará que para tomar albóndigas no merece la pena ir a un bar, pero honestamente, es algo tan familiar que se agradece mucho en la pausa de un duro día de trabajo.

Pues eso, que me enrollo, decidme si os gusta la nueva imagen, y si erróneamente opináis que las albóndigas de vuestra madre son mejores que las de la mía, ¡un abrazo!

Las albóndigas son un clásico

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