La fiesta del queso

Este ha sido un fin de semana ajetreado. Se me ocurrió invitar a unos amigos a comer el sábado a casa, y les dije que eligieran una receta del blog de mi madre y se la prepararía, y la única petición fue de Alberto, pidiendo o la tarta de queso caliente, de la que ya os hablé en otra entrada, o la tarta de fresa.

Como me dijo dos, me tomé la libertad de elegir la de queso, que me gusta más, y así de paso aprendía a hacerla para otras ocasiones. Como ya me iba a liar para el postre, prefería hacerlo fácil para la comida, y siguiendo el consejo de mi padre decidí darles raclette. Y ya que me metía en líos, intenté pensar algún aperitivo resultón.

Como ya había queso de comida y de postre, intenté pensar alguno sin queso, y cuanto más me esforzaba en pensar, más queso tenía el aperitivo que pensaba. bollitos de brioche con queso, panecillos con queso de cabra y mermelada, rollitos con crema de queso azul y rúcula… Al final me rendí al queso, y pensé en unos triangulitos de queso camembert fritos con cebollita caramelizada por encima.

Bueno, ya tenía la lista de ingredientes que necesitaba, y me desperté Sol me despertó a las 10 de la mañana el sábado. Como el día anterior les había prometido a mis hermanas pequeñas que me podían acompañar a la compra (mis padres estaban en una boda en Sevilla), las desperté a las 10 y media, para que desayunaran, se ducharan, se vistieran y salíamos, mientras yo comprobaba qué ingredientes había ya en casa.

Primer error. Una de ellas se tenía que lavar el pelo, y claro, entre eso y que de entrada por la mañana son algo lentas, salimos a la compra como a las 12… Encontramos todo bastante rápido en el supermercado, de hecho, lo que más nos costó fue la mantequilla, y eso que estaba en la zona de lácteos, no como la nata de cuando hice buñuelos. A la salida nos dieron una participación para una tómbola en el supermercado, pero como no teníamos tiempo, no jugamos, aunque creo que a mis hermanas les habría gustado.

Por fin llegamos a casa y me pongo al lío. Había visto alguna receta de los triángulos de camembert que decían que había que tener los triangulitos empanados 3 horas en el congelador antes de freírlos, así que cortamos rápidamente el queso, lo pasamos por huevo y pan rallado un par de veces, y al congelador, en el que no llegaron a estar ni una hora. En este momento aviso a mis amigos de que, en lugar de llegar entre las 2 y las 2 y media, podían llegar perfectamente entre las 2 y media y las 3. Mensaje captado, Alberto y Paloma, que ya estaban por la zona, se van a tomar una cerveza al bar de al lado.

Me pongo con la tarta, y cómo no, en la receta mi madre aconseja dejar el queso una hora fuera de la nevera, y el queso solo había estado fuera de nevera el trayecto en coche hasta casa y los diez minutos que había tardado en empanar el camembert. Al final, a base de darle vueltas consigo mezclar el queso con la harina, en parte gracias a la disipación en forma de calor de la energía cinética de mis histéricos movimientos dando vueltas al maldito queso. Tras eso todo va rodado, y les enseño a mis hermanas un truco para separar las yemas de las claras que aprendí en Instagram, con una botella de plástico. Si queréis que os lo cuente, pedídmelo en los comentarios.

Ya tenemos la masa preparada, y leo el siguiente paso en la receta de mi madre. Cito textualmente: “Verter en un molde previamente untado con mantequilla, y cocer en el horno al baño María, unos 35-45 minutos, a 180º”. Segundo error. Sigo los pasos, untamos de mantequilla el molde, vertemos la masa, miramos la foto del blog de mi madre, y vemos que ella había puesto papel de horno entre el molde y la mantequilla. La verdad es que me planteé sacar la masa del molde, limpiar el mismo y hacer el mismo proceso con papel de horno, pero ya no había tiempo y seguimos con el plan.

Aquí es cuando empiezo a panicar, ¿cómo que cocer en el horno al baño María? ¿Eso se puede? Con bastante miedo en el cuerpo, meto una bandeja de horno con agua en el aparato, le pongo el molde encima con mucho cuidado de no salpicar y cierro el horno. Nos vamos al salón a descansar cinco minutos.

El tercer error que cometí fue no seguir la receta que encontré de cebolla caramelizada al pie de la letra, porque acabé con una especie de caramelo de cebolla enorme, que si alguien quiere comercializar en forma de piruleta, le puedo decir cómo lograrlo. Asumiendo mi error, decido que los triangulitos de camembert van a ir con mermelada de fresa. En el proceso de destrozar la cebolla, habiendo terminado ya el tiempo de horno de la tarta, estuve un buen rato cocinando con el horno abierto, pero sin tocar un ápice la bandeja, ya que el agua todavía estaba hirviendo. Por fin me decido a sacarla, consiguiendo no salir escaldado con la ola de agua caliente.

Me pongo a freír los triangulitos de queso y empiezan a llegar los invitados, a los que recibo espumadera en mano. Les digo que se abran una cerveza, que en seguida estoy con ellos. Termino de freír, destrozo la tarta al intentar sacarla del molde (por eso no hay foto, pero salvo las grietas y los remiendos la verdad es que se parecía mucho a la de mi madre), pongo patatas a cocer para la raclette, y me relajo con una cerveza y mis invitados.

Esta vez sí que me he enrollado. Al final lo único que no salió accidentado fue la salsa de toffee de la tarta, que como no encontré en el blog de mi madre, la saqué de este blog. Era lo que más miedo me daba, pero si quemaba el caramelo o me salía mala sacaba la tarta sola y punto. Total, que salió bien, y aquí está la foto:

Salsa de Toffee

P.S.: con las prisas no me hice foto comiendo, espero que lo entendáis. ¡Un abrazo!

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