Tarta de queso al horno

Bueno, es verdad que no es domingo, pero mi madre hizo el otro día una tarta de queso al horno que está buenísima. Como podíais suponer, no me he resistido a hacerme una foto con semejante manjar, que está para morirse. Aquí la tenéis:

La mejor tarta que os hayáis podido echar a la cara

Comerse un trozo de esta tarta es una sinfonía para los sentidos. A la vista es muy apetecible, como se puede ver en la foto del blog de mi madre. Al tacto, suave. Cuando está recién hecha toda la casa se inunda de ese olor tan apetecible, ese olor a casa feliz. Y por supuesto que cuando la pruebas, el gusto es excelente, el punto exacto de dulzor, el sabor perfecto del queso, la medida justa de grasa…

Pero eso no es todo, los más avispados os habréis dado cuenta de que me falta un sentido. No hace falta que vuelvas hacia arriba para buscarlo, te lo digo yo mismo. La mejor sensación que provoca esta tarta es el sonido que hace al morderla, como de pisadas en un blanco manto de nieve virgen, como de espuma cuando las pequeñas burbujitas que la componen empiezan a romperse y desaparecer, como de ola que lame despacio una roca.

Bueno, que casi se me sale una lagrimilla de emoción al pensar en ese sonido. Os recomiendo hacer esta tarta en vuestras casas, o convencer a mi madre de que os la haga (tampoco abuséis de ella, que tiene un montón de cosas que hacer, pero si conseguís que os la prepare, decidle que haga dos, y que una la deje en casa), especialmente a los que creáis que he exagerado en la descripción. Eso sí, cuando la probéis, estad atentos al fugaz sonido de la tarta al ser mordida.

Por cierto, que casi se me olvida, si hacéis la receta con la salsa de toffee, es mejor si está aún caliente. Ya os subirá la receta mi madre.

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